¿NOS FALTA AMOR?


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Tengo una abuela cerca, genial, que casi todo lo que hacen las personas negativo, lo  achaca a la falta de cariño, al principio me parecía fruto de una trayectoria vital en la que el amor de su vida se fue pronto, ahora sé que hay mucha verdad en ese pensamiento.

A veces tenemos que buscar la excusa de San Valentín para reflexionar sobre algo que debería ser tan cotidiano como hablar de amor. Es cierto que me causa cierto rubor incluso proponérmelo  puesto que tenemos tendencia a reducirlo, como el día, al romántico sin disfrutar de todas sus múltiples variedades, por lo que este post no deja de ser un reto para mí misma.

Hoy leyendo una entrevista de Gerald Hüther, un neurobiógo e investigador alemán en la que decía que “el amor es nuestra única perspectiva de supervivencia en este planeta” recordaba las palabras de la abuela.

Las familias nos mantenemos juntas por el amor, tenemos hijos, nos involucramos en el desarrollo de los demás, en su evolución y educación. Se sostienen gracias a que el amor ha hecho que la colaboración, la comprensión y la empatía consigan disculpar cualquier cosa y ser la razón para continuar juntos.

Los amigos, sólo entendiendo, comprendiendo, ayudando, disculpando, abrazando, escuchando, animando, todas las acciones que implica el amor, podemos tenerlos y mantenerlos cerca y sentirlos como parte de nosotros.

Si reflexionamos sobre esto podemos ver que donde más a gusto nos sentimos es donde la imperfección no es un problema, donde equivocarse pasa por saber pedir perdón y saber perdonar, donde las debilidades no son objeto a destacar sino que lo son nuestras fortalezas y todo esto, ¿ qué lo hace? Simplemente el amor.

No me canso de repetir, que en la mayoría de las ocasiones a quienes más cuesta querer suelen ser quienes más lo necesitan. Algo que me ha hecho sin duda compasiva y empática. Me ha hecho comprender a quienes viven en ambientes totalmente diferentes a en los que reina el amor. Lugares en los que la tensión, la competitividad, la sensación de lucha por la escasez, hacen que la ansiedad y el estrés sean las notas predominantes. ¿qué podemos esperar entonces? ¿es normal que en lugar de darles amor y una oportunidad de vivir en otro lado, pagarles con su misma moneda?

Estoy segura de que igual que se acostumbraron a sobrevivir en ambientes donde faltaba el cariño, con el tiempo sabrán apreciar lugares donde sí y cambiarán muchos de sus agresivos e improductivos tics que sólo juegan en su contra.

Si empezamos a conectarnos con el amor seremos capaces de ir mucho más allá en nuestro crecimiento porque no tendremos miedo a arriesgar, a fallar, a intentarlo una y otra vez. Por eso nunca entenderé por muy naif que suene o parezca que los dirigentes y supuestos líderes en todos los ámbitos partan de otro sentimiento que no sea el fomento de la conexión entre todos, del amor, de lo que nos une, en lugar de lo que nos separa.

Por encima de políticas e ideas, todos queremos que nos vaya cada día mejor como sociedad, que mejoren su calidad de vida no sólo nuestros vecinos, nuestros compatriotas, sino todos los que hemos de vivir juntos en este mundo. Lo que no hemos entendido es, que de la colaboración y la cooperación, sacaremos mucho más que del enfrentamiento y la agresión.

La lucha por el poder y la dominación sin establecer nada nuevo, hace que desde los pensadores griegos pilares de nuestra civilización tengamos pendiente una evolución personal, individual pero no como hasta ahora, para mejorar nuestras posiciones materiales personales, sino para que nuestro crecimiento espiritual nos lleve a hacer algo grande juntos, algo que sólo podremos hacer, con amor.

Tomado de http://arucacoach.me/2016/02/15/nos-falta-amor/

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LO HACES O NO LO HACES PERO NO LO INTENTES


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Muchas veces, haciendo depender nuestro destino de cuestiones externas y pensando  que es fruto, más del azar que de lo que nosotros podamos hacer o decir, eludimos la responsabilidad sobre, las decisiones que podemos tomar,  las herramientas que podemos usar y  la actitud que podemos adoptar, rindiéndonos antes, incluso, de haber empezado el camino.

Observando el “éxito” de los demás, es más fácil decirnos a nosotros mismos que nos faltan habilidades y capacidades, que reconocer que no estamos dispuestos a hacer ninguna inversión o esfuerzo para cambiar algo o hacer realidad el sueño.

Una de las acciones más fructíferas que podemos realizar, mejorar y perfeccionar es nuestro uso de lenguaje, qué cosas decimos y cómo lo hacemos para almacenarlas en nuestra mente.

¿Quién no ha escuchado a alguien hablando de lo “ilusionante” de su futuro en condicional? “Me gustaría estudiar chino, querría levantarme antes,  sería genial ser más paciente…”. Cualquier deseo que manifestemos en condicional, lo vemos tan lejos que lo “condicionamos” mentalmente por si no encontramos las ganas, la motivación para hacerlo y no queremos decepcionarnos admitiendo un posible fracaso, permitiéndonos no invertir un ápice de energía.

Por si condicionarlo, no fuese suficiente, generalizamos con el lenguaje también lo negativo, para hacerlo tan pesado que mentalmente no nos apetezca retomarlo más. Eso lo hacemos, por ejemplo, con los devastadores “ siempre” y “ nunca”. Sobre todo  cuando a lo que nos referimos con ellos, seguramente, ha sucedido muchas menos veces de las que creemos.
“Siempre que he tratado de dejar de fumar, a los pocos meses he vuelto”. Seguramente te hará pensar que lo hiciste muchas más veces de las que han sido en realidad pero es tan impactante la frase, que la bandera blanca de rendición salta antes de incluso acabarla, considerándote un fracasado, algo que extrapolas a otros muchos ámbitos de tu vida sin apenas darte cuenta.

El otro extremo, “nunca”, es tan demoledor como éste, “nunca he conseguido hablar bien inglés, nunca voy al gimnasio más de un mes, nunca consigo controlar mi ira, …”. Si lo piensas esto no es del todo cierto. Si no, haz la prueba.

Dibuja en un papel una línea larga que pueda representar los años de vida que puedes llegar a tener, sé optimista, fíjate la esperanza de vida de tu país, por ejemplo. Ahora dibuja en proporción dónde te encuentras en este momento y  cuándo y cuánto tiempo ha ocurrido eso que generalizas. De verdad, ¿es siempre?, ¿nunca?

Como entiendo que instalarse todas estas alarmas en nuestro lenguaje no es fácil y queréis empezar ya. Solo recordaros la frase del maestro Yoda  para hacer intensivo el entreno “lo haces o no lo haces pero no lo intentes”.

Así que no te digas una vez más que lo vas a intentar porque no va a funcionar. ¡Buen trabajo!

Tomado de http://arucacoach.me/2016/02/08/lo-haces-o-no-lo-haces-pero-no-lo-intentes/

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CARNAVAL, ¿TE QUIERO?


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Seguro que no has pensado en que esto te pueda ayudar. Entiendo, que suena raro al principio. Sin embargo sé que después de reflexionar sobre ello, lo verás de modo diferente.

Aunque hasta ahora no lo hayas dado importancia, lo que piensas sobre ello,  lo que haces, es algo que refleja muy bien tu personalidad y que si  consigues sobreponerte  y dominarlo, en determinadas ocasiones, te puede aportar una gran victoria personal. Ese algo que, si tienes en demasía, puede ser un freno para tu proyección, que sin embargo puedes trabajar, es tu sentido del ridículo.

Por ejemplo, disfrazándote. A algunos les parece una actividad reservada a quienes les gusta  poner sal gorda a la vida, a otros les parece poco serio, hay a quienes verse feo o ridículo, les espanta nada más pensarlo. Sin embargo a otros, cualquier ocasión les parece estupenda para pasar de ser, desde una bailarina de ballet a alguien de la familia Potato y lo hacen entusiasmados.

Dándoles vueltas al tema, podemos pensar, entre otras miles de razones, que quienes se niegan a hacer este tipo de prácticas, suele ser porque realmente les importa demasiado lo que los demás piensan de la imagen que transmiten y que, de ninguna manera, pasarán por ser el centro de atención para ser el hazmerreír de los demás.Sin reparar en cuán pocas veces podemos ser causa de hacer pasar a los demás un buen rato.

Si os dais cuenta, incluso en las películas los grandes premios, son los que se llevan quienes caracterizados a peor, exhiben sin complejos todo tipo de imperfecciones en sus personajes. También hay algunas culturas que exacerban este sentimiento, siendo la vergüenza y que se rían de uno, a veces “delito de lesa majestad”. Sin embargo otras, en las que en su educación, mantienen el día del pijama para ir a clase, ir con la ropa al revés o disfrazados muy a menudo, tienen esta habilidad harto trabajada y son capaces de reírse de sí mismos con mayor naturalidad.

Además cuenta con la creatividad que puedes desarrollar buscando el mejor atuendo para tu personaje, reciclando cosas del baúl o haciéndolas tú mismo. Incluso, aunque cuentes con las críticas de que ha sido poco el esfuerzo, solo con comprarlo y vestirlo, trabajarás más habilidades de las que crees.

Muchos de nosotros necesitamos el anonimato de las masas o  alguna  ayuda extra para poder mostrarle al mundo que su opinión, nos puede importar en mayor o menor medida pero que somos capaces de sobreponernos, confiar en nosotros mismos, tirar de autoestima y salir a la calle con llamativas pelucas y estridentes colores.

Pocas ocasiones tenemos para trabajar nuestro sentido del ridículo adrede como en esta época. La oportunidad para entrenar ese sentimiento que te atrapa cada vez que te expones a los demás con tan buen humor, es única, para no desaprovecharla. Familiarizate con esas sensaciones de miedo y ansiedad en entornos donde te sientas seguro y pueda ser divertido.

Como nos preguntamos siempre, ¿qué es lo peor que nos podría suceder?

Parece al principio que puede ser algo inadecuado, poco serio, que puede afectar a quien eres pero, piénsalo un momento. Y si esto te ayudase a dar un gran paso en ese avance para que las circunstancias externas te diesen un poco igual y te atrevieses a hacer, a decir, a pedir, a preguntar muchas más cosas.

Y si este entreno, sirviese para que poco a poco fueses haciendo y diciendo lo que quieres sin esperar la aprobación de nadie. Y si cada vez fueses un poco más libre, ¿no sería maravilloso ese pequeño- gran azoramiento tras esa máscara o bajo esa peluca?

No dejes que todos estos “y si” carcoman tu mente. No evites estas situaciones, afróntalas cuanto antes y gana en seguridad y confianza.

 Ten unos segundos de coraje y demuéstrate que puedes vencer tus miedos con humor.

Tomado de http://arucacoach.me/2016/02/01/carnaval-te-quiero/

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TU MEJOR MAESTRO


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LO LEES Y ¿QUÉ HACES?


mobbing bullying

Supongo que a muchos de vosotros como a mí, se os habrá encogido el corazón al leer o escuchar las trágicas noticias de quienes, empezando a vivir, han sufrido el brutal e inhumano acoso de otros en su entorno más cercano.

Cuando los medios ponen el foco sobre estos dramas, es cuando nos asustamos ante la barbarie que pueden protagonizar estos pequeños seres con apenas socialización,  aunque no somos capaces de observar la analogía entre esto y  otros muchos comportamientos que tenemos automatizados y ver las consecuencias de los mismos.

Me horroriza y lo veo a diario, que el sentimiento de vergüenza es lo primero que nos invade cuando nos “sentimos humillados” por alguien, como si hubiera alguna forma de evitar que alguien nos diga u opine sobre cuestiones que ni ha vivido ni comprende, taxativamente, culpándonos de algo y arrojando sonrojo sobre ello. Cuestiones como la orientación sexual, la raza, la forma de ser, episodios vividos en el pasado, todo sirve para la maldad.

Siempre he pensado, que este sentimiento, el de la vergüenza, debería morar solo y exclusivamente en quien voluntariamente agrede verbal o físicamente a otro  causándole un sufrimiento innecesario. Es una muestra clara de su debilidad e inflexibilidad, que hace que su inseguridad tenga que verse reforzada por lo que creen que es una victoria frente al otro, cuando realmente tanta violencia sólo aumenta su vacío.

Infligir un castigo de este tipo a otra persona, es algo que no entra en mi cabeza pero sí lo considero fruto de muchos de nuestros comportamientos más cotidianos. Seguro que habréis oído decirle  a alguien que se queja amargamente de ser víctima de esos comportamientos “no te dejes”, “dile tal cosa”, “dale tú también”, “habrás hecho algo” como si combatirlo con su mismo proceder o ira sirviese de algo y no formase parte de una peligrosa espiral con final incierto.

No acierto a comprender cómo algunos de quienes son  agredidos o “avergonzados” en algún momento de su vida, reproducen el comportamiento sin dudarlo cuando a ellos se  les presenta la ocasión, cuando les han hecho sufrir por ello hasta la saciedad.

Lo digo siempre que puedo, una sociedad basada en la vergüenza no es una sociedad sana y esto se convierte en un arma de doble filo, se traslada a que, cuando alguien observa lo que te avergüenza y sus intenciones son aviesas, rápidamente lo esgrime contra ti para enfrentarte a tus miserias, como si eso redimiese la verdadera cuestión, la vergüenza de las suyas.

De lo que sí podemos avergonzarnos es  de hacer y desear  el mal  a los demás, de disfrutar con el sentimiento de satisfacción con la desgracia ajena, de no ser un lenitivo para los demás y estigmatizarlos por contagio. De asistir a humillaciones, vejaciones y maldades como espectadores sin reconocer, que después seremos nosotros mismos quienes lo haremos con los que conocemos, sólo por ser diferentes en algún aspecto o por no reparar en que los capítulos de la vida, de cada cual, hay que conocerlos y entenderlos para conseguir sentir la batalla que la persona está luchando por dentro.

Avergonzarnos de que esto lo estarán viendo y viviendo nuestros pequeños, que están más atentos a lo que hacemos y al ejemplo que  damos, que a lo que repetimos sin practicarlo. Pequeños que acabarán asumiendo que liberar su ira de esta forma es normal y empatizar con el sufrimiento de los demás lo raro.

Algo que nos espeluzna cuando lo vemos o leemos, no somos capaces de reconocerlo en nosotros mismos, ni de pensar antes de hablar, cuando lo hacemos con personas que conocemos, a las que afectamos con nuestras miradas de desprecio o nuestra ignorancia sin inmutarnos, creyendo que es lícito y normal  actuar así. Cuando lo único que esto hace es dar muestras del tipo de persona que eres.

Es cierto que todos tenemos que aprender a dar la vuelta a todos los episodios que vivimos negativamente en nuestra vida para sacar una lección que aprender y no juzgar lo de entonces con lo que sabemos ahora. Si lo vamos entrenando, seremos capaces de acabar con ese perjudicial entretenimiento que es hablar mal de los demás. Además  porque sé fehacientemente que es una forma muy peculiar y dolorosa de expiar lo nuestro

¿Y si piensas que cada persona con la que te cruzas en la calle puede estar sufriendo por una cuestión así?  No es mejor ofrecerle tu sonrisa y una palabra cálida que le haga volver a creer en los demás o quizá sea mejor seguir propagando en el mundo el sufrimiento entre quienes rodean para luego asombrarnos cuando ocurre en los demás.

Tus decisiones definirán quien eres. No seré yo quien avergüence a quien soporta el acoso de los demás, ni contribuiré con mi comportamiento a avivar este fuego en mí o en los demás. Alegrarme de los éxitos de los demás y sólo hablar bien de ellos, es mi contribución, ¿y la tuya?

Tomado de http://arucacoach.me/2016/01/25/lo-lees-y-que-haces/

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SE REALISTA DESDE TU MUNDO INTERNO


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Quizás no lo hayas percibido, pero cada uno de nosotros vive en dos mundos diferentes. Algunos le dan más relevancia a uno que a otro, a veces al equivocado,dándole un peso de realidad que no le corresponde.  Se ha convertido en algo normal, el hecho de darle importancia al mundo material, al que se ve con los ojos, al tridimensional, en el que nos colocamos el disfraz que hemos decidido llevar todos los días.  Dice Raimon Samsó, de forma reveladora la siguiente afirmación:

El mundo no visible es más real que el mundo visible.


¿Qué quiere decir esto? La primera vez que llegó esta idea a mi vida, la interpreté de la siguiente forma, quizás con un ejemplo que me pareció bastante fácil de entender. En el día a día, te cruzas con gente, ves grupos de personas hablando, y lo único que puedes hacer, es suponer que son amigos, compañeros de trabajo, familia, etc. Lo que estás viendo es un porcentaje pequeñísimo de lo que es ese grupo y de lo que significa cada una de esas personas en él. El mundo visible te enseña solo una pequeña parte de la gente con la que te cruzas. En el grupo de amigos, solo ves eso, varias personas charlando, compartiendo risas y momentos. Pero en el mundo no visible de ese grupo, existe, cariño, amor, amistad, puede que preocupación, celos, inseguridad, apatía, conformismo, etc. No lo sabes. Y para ellos, ¿qué crees que es más importante? ¿La imagen que se da del grupo, o lo que los une y los separa como amigos? Como nos pasa a todos, tendrá más peso, aquello que no se ve. Aunque parezca que todo va genial y hay risas y pasan un buen momento, es más real para cada uno de ellos lo que está sintiendo en ese presente compartido. Cuando termine ese encuentro, cada uno se quedará con las vivencias, que serán únicas e intransferibles. Y más reales que cualquier otra cosa.

Por eso me parece de vital importancia el trabajar el mundo no visible. La parte más interna y profunda de cada uno de nosotros, la esencia.  Al final es nuestra parte más real. La percepción que tengamos del mundo externo es la que nos hace sentir de una forma u otra, y al final lo que sentimos lo sentimos cada uno de nosotros de forma individual. Y lo que se ve en el mundo tridimensional es solo un pequeño porcentaje de lo que somos. Raimon Samsó en una de sus tantas conferencias, dice:

Tu mundo material es una impresión, un efecto lógico y natural de lo que ocurre en tu mundo espiritual, emocional y mental.

Incluso, afirma que:  Todo problema necesita una solución mental, emocional y espiritual.

Está en tu mano decidir a cuál le quieres dar más protagonismo en tu vida. Si te das cuenta, un iceberg solo enseña una pequeña parte, mientras en la profundidad, en la parte no visible, se encuentra la mayor y más fuerte parte de él.

Tomado de https://kybenfocando.wordpress.com/2016/01/19/se-realista-desde-tu-mundo-interno/

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LIBERA A TU LEÓN


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“Fracasamos más por tímidos que por osados” David Grayson

Algunos tienen la suerte de encontrarse pronto con un pensamiento  parecido que les impacta e inspira, en sus primeros años, le echan arrestos y unos segundos de coraje. Otros, tardamos algunos años más en descubrir qué es lo que no nos está permitiendo llegar hasta donde queremos, e ir a la velocidad que nos interesa.

En muchas situaciones declaramos que “somos tímidos” con la intención de encontrar comprensión cuando erramos, buscando la aprobación de los demás, pero en realidad, no nos damos cuenta del verdadero perjuicio que nos estamos haciendo con esa aparentemente inocua declaración.

En realidad nos estamos dando permiso para que todo aquello que nos azora e incomoda, pase a formar parte de lo que aseguramos “no nos interesa”, a la vez que descartamos y eliminamos, sueño tras sueño, el éxito de nuestro futuro.

Seguro que muchos de nosotros nos sentimos identificados con aquella frase de Ingrid  Bergman “ Yo era el mayor tímido jamás inventado, pero tenía un león dentro de mí que no se callaba” y entonces el sufrimiento es doble hasta que lo liberas, puesto que tu “yo interior” no dejará de decirte insistentemente,  la cantidad de cosas que te estás perdiendo y la de puertas que te cierras a ti mismo con esa definición estúpida, a la que no pones remedio.

Una de las cuestiones en las que más incide esa declarada timidez es, en tus relaciones con  los demás, en tu vida cotidiana, donde apenas consigues sobrepasar el círculo de siempre y sin embargo sí enrocarte más en tu interior, pero donde verdaderamente se empiezan a cerrar tus puertas y a mellarse tu autoestima es en la asignatura troncal de todo aquel que quiere triunfar debe aprobar, hablar en público.

No es posible que vendas un proyecto, un negocio, tu propia persona, una idea… lo que sea, si no eres capaz de enviar tu mensaje.  Capaz de levantarte y decidir que ha llegado el momento de que se escuche tu voz para que produzcas ese impacto que quieres ver en el mundo.

A lo primero que te vas a enfrentar, casi seguro, es a la pregunta de ¿qué pensarán los demás de ti cuando te escuchen?, sin ser consciente de a qué poca gente le preocupa lo que tú hagas en tu vida. Sin embargo si practicas y lo haces bien, serás capaz de atraer su atención hacia tu mensaje sacándoles de su ensimismamiento.

Desear agradar y desconfiar de poder hacerlo, a veces es todo uno, pero si encima, las posibilidades de entrenamiento son mínimas, esa explosión en la autoconfianza que es, poder hablar en público, que yo aseguraría es de las cosas que más influyen en tu éxito, se esfuma.

Esto es  lo mismo que aprender a nadar sin meterte en el agua. Imposible. Hay estrategias, técnicas que puedes aprender, cursos y libros que puedes leer pero sin remover los obstáculos mentales y mantener el entusiasmo y la perseverancia,  te va a costar el doble para acabar, en el mejor de los casos, con un discurso artificial.

Te has dado cuenta de que en muchas ocasiones cuando hacemos esfuerzos para salir de nuestras zonas de confort necesitamos la coartada de las masas, elixires o de otras ayudas artificiales. De eso se trata esto, de entrenar para no buscar excusas  y poderlo hacer cuando lo necesites, sin más.

Comienza hoy mismo. Oblígate  a decir algo, en voz alta, en cualquier reunión a la que pueda asistir, asume el riesgo de que alguien te contradiga, de que  piense diferente, tu objetivo es romper esa barrera que te impide ser protagonista por unos minutos. Empieza ya solo  o consigue ayuda para entrenar.

Seguro que no es la primera vez que piensas en esto. Todo el mundo quiere empezar el año, yendo al gimnasio, comiendo bien, aprendiendo idiomas, dejando de fumar, comiendo sano… todavía no he escuchado a nadie que haga esta magnífica inversión en su futuro y en su vida:aprender a hablar en público.

Libera tú a tu león y será algo de lo que estarás profundamente orgulloso toda su vida.  

Tomado de http://arucacoach.me/2016/01/18/libera-a-tu-leon/

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NERVIOS, SUDOR Y LÁGRIMAS


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Hace tiempo que quería escribir sobre esto. En primer lugar, porque la mayoría de nuestras creencias acerca de ello son erróneas, nos bloquean y hacen que perdamos oportunidades de crecer y de tener éxito. En segundo lugar porque algo tan fisiológicamente normal, inserto en nuestro ADN desde los anales de nuestra Historia, no puede parecer una debilidad, cuando es todo lo contrario. En tercer lugar, porque cada vez tenemos que ser más los que trabajemos sobre la frase de Mandela: “Aprendí que el valor no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. Un hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que se sobrepone a él”.

Nervios, sudor y lágrimas. Emulando el gran discurso de Churchill, quiero reivindicar estas tres cuestiones que a veces se entrelazan entre sí en nuestros cuerpos. Que lejos de significar que sea algo de lo que tengamos que sentir avergonzados, pueden estar diciéndonos lo valientes que somos al sobreponernos a nuestros peores miedos y salir adelante.

No es la primera vez que escucho hablar con desdén de las muestras de esfuerzo y nervios que se manifiestan en el sudor de una persona, el constante movimiento, temblor o lágrimas. Hace tiempo que leí, a Nadal precisamente, que para él el sudor era el brillo de su esfuerzo y me pareció tan genial la frase, que ahora cada vez que lo reconozco en mí misma o en alguien más, veo el resplandor de quien se está superando a sí mismo en algo y  que por ello no sólo merece todos mis respetos sino también mi admiración.

En esta sociedad tan perfectamente artificial que estamos creando, el absurdo llega a tal grado que preferimos a alguien tan atiborrado de tranquilizantes que parezca que tenga horchata en las venas, a alguien que ante una situación a la que no está acostumbrado decide afrontarla con valentía, además de nervios, esperando que la práctica y el entrenamiento le ayuden en el futuro.

Simular esa seguridad, no sólo nos hace menos humanos, sino que además, es ridículo.Todos tenemos miedo. Cada uno de cosas diferentes, de distintas cuestiones que nos causan ansiedad. Bichos, agua, animales, entrevistas de trabajo, hablar en público, bailar… cada uno tenemos lo nuestro. Es cierto que el miedo de los demás, si no lo pensamos con detenimiento, nos puede parecer incluso ridículo pero si lo asemejamos al nuestro, parece que entender a los demás se hace más fácil.

Temblores, aumento de los latidos del corazón, sudor, en las manos, la cara… secarse la boca, en resumen ponerse en marcha automática nuestro sistema nervioso es una reacción natural y ancestral para ayudarnos a sobrevivir. Ahora ya no nos atacan animales en medio de nuestro entorno, pero sin embargo otras cuestiones han suplido estos “peligros” que nos atenazan igualmente.

Si no fuese porque esas opiniones vertidas en contra de quienes, a pesar de estos síntomas, siguen adelante, son tan negativas y no son inocuas, ni siquiera escribiría sobre ellas pero, qué ocurre cuando tú haces esas apreciaciones y alguien a tu lado tiene esos síntomas. Que lejos de ponerse el miedo por montera, dejará de hacer muchas cosas que supondrían salir de su zona de confort, crecería y se superaría a sí mismo y sin embargo deja de hacerlo porque cree que quienes sienten eso no están en condiciones de triunfar.

A partir de ahora, haz que tu miedo te ayude a hacer muchas más cosas, a superar tus límites. Todos lo sentimos, aunque lo exterioricemos en mayor o menor grado. Sobre todo cuando nos enfrentamos a cosas o situaciones nuevas, diferentes. Quienes no se atreven a hacerlo y prefieren seguir siempre haciendo lo mismo, siempre podrán seguir opinando negativamente desde sus obtusas posiciones pero quienes estamos deseando ser y hacer un cambio en el mundo queremos vivir entre nervios, sudor y lágrimas.

Anima siempre a quien tengas al lado a atreverse, a superarse.

Todo lo increible que puedes hacer está al otro lado del miedo.

Tomado de http://arucacoach.me/2016/01/11/nervios-sudor-y-lagrimas/

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EL DAÑO DE TU PROPIA MENTE


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Agrego a esta frase: nuestra mente no sabe lo que es sentir… Cada parte de nuestro cuerpo envía señales que nos ayudan a tomar el camino correcto, a no involucrarnos con esa persona o situación, a seguir lo que es correcto para nuestra esencia… Esos avisos son únicos, débiles a veces…y la mente lo sabe…. La mente nos condiciona con el deber ser social y nos hace daño al obligarnos a seguir caminos que  no son sanos para nosotros, pero que cumplen con lo que la sociedad espera de nosotros. Ese es el daño que nos hace la mente… Nuestra mente es de muy buena ayuda para razonar, para recordar situaciones, pero muy mala consejera para tomar decisiones acordes a nuestra verdadera esencia… Conocer nuestra esencia, nuestro ser original, nos permite tomar las decisiones correctas, escuchando a nuestro cuerpo, a nuestra intuición, a las emociones… Si deseas descubrir tu Ser original y saber cual es la forma correcta para tomar decisiones, viviendo de acuerdo a tu diseño, a tu esencia, envíame un mensaje. Te responderé comentándote cómo trabajando con Diseño Humano, llegarás a conocer tus dones, tus zonas de aprendizaje, tu estrategia de comportamiento, cómo tomar decisiones alineadas con tu ser. En una forma visual y práctica, Diseño Humano nos brinda la posibilidad de volver a nuestro ser original, permitiéndonos vivir nuestras vidas alineados con nuestra esencia. Es una forma de tener el manual de instrucciones para llevar adelante nuestra vida de la forma más fluida posible.

Muchas gracias por tu tiempo.

Gustavo Vittek

Guía de Diseño Humano Consciente

 

Imagen tomada de https://palabrasquesederraman.wordpress.com/2015/12/29/el-dano-de-tu-propia-mente/

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La fábula china del caballo perdido


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Las milenarias y tradicionales fábulas y cuentos de China nos proporciona diversos tipos de pequeñas historias que nos ayudan a desarrollar nuestra consciencia, a aprender, a entender las relaciones y a fortalecernos psicológica,  emocional y espiritualmente. He aquí una de ellas.

Había una vez un rico terrateniente que poseía grandes tierras quien señalaba que tenía solamente dos criaturas a las que consideraba sus más grandes tesoros: su único hijo y un caballo pura sangre, que era el mejor de todas las caballerizas del reino.

Sin embargo, cierto día este último se perdió al salir de los establos, pues alguien se había olvidado de cerrar la puerta. La gente cercana al propietario se lamentó por ello, pero él simplemente se limitó a aceptar la suerte que le había tocado.

Al poco tiempo el caballo volvió, esta vez trayendo consigo a una hermosa yegua y unas cuantas crías que se adivinaba que pronto serían magníficos ejemplares. Todos pensaron que la fortuna volvía a sonreírle a aquel hombre, que se alegró mucho de la llegada del animal.

Tiempo después, su hijo se accidentó tratando de domar a uno de los nuevos caballos y su pierna se vio sumamente afectada. Los médicos determinaron que iba a cojear de por vida, y aunque todos volvieron a sentir lástima una vez más, su padre aceptó las circunstancias de una manera tan digna como le fue posible.

Un par de años más tarde estallaría una guerra entre China y Japón, en la cual todos los hombres de la región serían enlistados. El muchacho fue el único que se salvó, debido a la condición de su pierna.

A lo largo del tiempo, aquel terrateniente había aprendido que no siempre se tiene el control sobre lo que nos pasa en la vida. Es por ello que en vez de mortificarse, trataba de seguir adelante y dejar que las cosas siguieran su transcurso natural.

Moraleja

En toda desgracia siempre existe la posibilidad de sacar un beneficio, aunque uno puede tardar bastante en darse cuenta de eso.

Entonces, depende de uno  cómo se decida reflexinar y observar la vida vida a pesar de las adversidades, pues la buena o la mala suerte no existen, ni controlan el destino.

Tomado de https://pymex.pe/suplementos/la-fabula-de-la-semana/la-fabula-china-del-caballo-perdido/?utm_source=email+marketing+Mailigen&utm_campaign=01-SUP-FAB-MG&utm_medium=email

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