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5 cosas que debes recordar cuando te sientas atrapado, atascado, vacío y sin sentido
Supongo que os sonarán estas palabras: “No sé qué hacer”, “vivo en la monotonía”, “mi vida no me llena”, “no veo el sentido a todo ésto”, o como dicen en mi tierra: “me va como el culo”.
Este tipo de sensaciones o pensamientos han crecido en los últimos tiempos.
Todos tenemos el poder y la capacidad de seguir adelante sin importar los obstáculos que encontremos. Tenemos el poder, porque tenemos la capacidad de elegir en cada momento lo que hacemos, lo que pensamos y lo que queremos ser.
En primer lugar, no debemos seguir haciendo las mismas cosas. Hay que dejar de ser prisionero de los viejos hábitos, y probablemente de nuestro círculo habitual.Pero el dichoso cerebro a veces hace una especie de cortocircuito que nos deja una visión muy poco clara. Llegado ese punto, hay que tomarse un tiempo para formatear el sistema y cambiar nuestra forma de pensar, ver la situación y la vida en general.
Qué hacer cuándo te quedas atrapado, atascado o [Insertar palabra…].
Y para ello vamos a contar con algunos consejos de Marc Chernoff, administrador de Marc and Angel, un excelente “motivador realista” en cuyos consejos me voy a inspirar para esta publicación.
Lo bueno de la vida es que cada noche, cuando vas a dormir y despiertas por la mañana, es un nuevo día. Ayer ya se fue, y el nuevo día es tuyo. Tú lo dominas y le das forma. Cada día es un nuevo día lleno de posibilidades y oportunidades. Así que recuerda:
1. Sentirse atrapado es un sentimiento, no un hecho.
Cuando nos sentimos atrapados, normalmente nuestro primer instinto es buscar fuera de nosotros mismos alguien o algo a quién culpar. Pero tu vida es tu responsabilidad. Si va bien o va mal, tú has creado esa situación con tus aciertos o tus errores.
Por tanto, hay que intentar dejar de centrarse en la percepción de la situación externa, y comenzar a centrarse en la forma que tenemos de ver las cosas y cómo cambiar esa percepción sobre nosotros mismos, porque en realidad, cuando nuestra vida no está bien encaminada, en el fondo, creo que todo el mundo sabe que es el responsable de su propia situación. Y cuando se cambia la forma de pensar y ver las cosas, tenemos la oportunidad de cambiar nosotros mismos, y por tanto cambiar nuestro entorno.
2. Las malas noticias de ayer, no las vivas hoy.
No se puede tener un mejor hoy si sigues centrado en los problemas de ayer. Lo que debería haber hecho, lo que podría haber sido, lo que podría haber tenido, lo que tuve y perdí… la mayoría de las personas usan erróneamente esa información del ayer. Los problemas del ayer no deberían ser una carga hoy, sino un aprendizaje añadido con ciertas cosas que no debemos volver a repetir.Eso es la resiliencia.
Un matrimonio fracasado, un trabajo perdido, un negocio cerrado o tres polvos no echados. Todo se soluciona de la misma forma. Desecha las frustraciones de ayer y gasta esa energía en fabricar una nueva vida en la que puedas incluir todo lo que no tuviste o lo que perdiste. Porque hoy es un nuevo día, una nueva semana, un nuevo comienzo.
3. Es hora de hacer un cambio, probablemente radical.
Sentirse atrapado es fallar en las 3 preguntas más básicas sobre la felicidad: “1. ¿Me gusta lo que hago?, ¿me gusta dónde vivo y con quién vivo?, ¿soy feliz?.
Como alguien dijo alguna vez: “Si no te gusta tu vida, cámbiala. Tú no eres un árbol”.
4. No va a ser fácil, pero al final merecerá la pena.
La mayoría hacemos las mismas cosas durante mucho tiempo. Es lo que llamamos hábitos, y son muchos de esos hábitos los que nos han provocado el “atasco”. Por tanto, cuando queremos cambiar, en primer lugar debemos cambiar muchos de nuestros hábitos.
Y ahí comenzaríamos una etapa de transformación que en ocasiones conllevaría un sacrificio hasta que los nuevos hábitos sustituyan a los antiguos. Puede que te sientas incómodo al principio, pero más incómodo te sentirás si permaneces atrapado. ¿Qué hábitos adquirir? – Aquí tienes 25 hábitos de las personas de éxito + 20 hábitos diarios para mejorar tu vida. Traza un plan para el cambio de los hábitos que quieres adoptar.
En tus manos está el convertirte en la persona que quieres ser.
5. Vamos dejando las excusas.
Como se suele decir: “el que quiere llegar busca caminos; el que no quiere llegar, busca excusas”. Sólo hay una persona que puede detener tu crecimiento y progreso. Esa persona eres tú misma. Tú eres tu mejor aliado o tu peor enemigo.
Entre las causas más comunes que impiden a las personas alcanzar sus metas, se encuentran el miedo al fracaso o la pereza. Todo el mundo tiene una excusa. ¿Cuál es la tuya?. Ahora deshazte de ella. Ya estás curado 🙂
No hay que olvidar que el crecimiento real, el cambio real, siempre se produce de dentro hacia fuera. Para cambiar cualquier situación, en primer lugar debemos cambiar primero nosotros mismos. Y para cambiar nosotros mismos, en primer lugar debemos cambiar nuestra forma de pensar, nuestra forma de actuar, y sobre todo nuestros hábitos.
Pero tampoco hay que olvidar, aunque seamos repetitivos en este punto, que la felicidad en la vida no es un destino, sino un viaje. Es decir, no alcanza la felicidad aquella persona que ha logrado sus metas y cumplido sus objetivos, sino que se han cumplido nuestros objetivos porque la persona ha sabido usar y apreciar aquello que tenía para conseguir lo que deseaba.
La vida es una aventura, y por tanto hay que intentar hacerla divertida, pues estamos para vivir la vida, no para sufrirla.
Y por último, míralo de este punto de vista:
Cuando una persona se encuentra atrapada o atascada, es señal de que ha llegado a un callejón sin salida en su vida, a una especie de pozo, donde en ocasiones ya sólo podemos dar pasos hacia delante. Como decía el mismo Warren Buffett: “a veces para salir de un pozo, es tan sencillo como dejar de cavar”.
Pero quédate con un claro mensaje, y es que tu vida depende de ti. El control de tu vida es tuyo, y podrás llegar tan lejos como estés dispuesto a llegar. Pero este propósito requiere de sacrificios y cambios. ¿Estás dispuesto a cambiar?.
Tomado de http://jcvalda.wordpress.com/
Publicado en Autoconocimiento, Autocontrol, Cambio, Coach, Conexión interior, Desarrollo personal
Etiquetado Atascado, Atrapado, Autoconocimiento, Autocontrol, Cambio, Coach, Deprimido, Desarrollo personal
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LA MALDITA MANÍA DE BUSCAR CULPABLES. Acéptelo, las brujas no existen, aunque usted las siga encontrando
por Esteban Owen
Hay que reconocer que muchos directivos y gerentes tienen la rara habilidad de seguir encontrando brujas para enviar a la hoguera, aun hoy, en pleno siglo 21. Y es que por más ciencia que sigue acumulando la especie humana, y por más literatura que sigue abarrotando los estantes de las librerías, una de las lecciones más difíciles de aprender es que jamás lograremos extirpar a fuerza de gritos ni reprimendas la pertinaz tendencia a cometer errores que nos iguala los unos con los otros.
¿A qué viene, entonces, esa irrefrenable manía de ir tras las pistas del culpable cada vez que algo sale mal, sólo para refregarle en la cara los costos económicos de su error o el bochorno para el buen nombre y prestigio de la organización?
Admitámoslo: la moderna literatura de management tiene razón al correr el velo de los antiguos paradigmas, poniendo al descubierto las falacias que subyacen a viejos estilos gerenciales que hasta hoy se resisten a desaparecer del todo.
No es posible exagerar poniendo sobre la mesa el abanico de perjuicios que sobrevienen a la desmedida tendencia a buscar culpables cada vez que algo sale mal, o cada vez que un error es detectado a destiempo.
Por favor, no se apresure a atribuirme una falta de vocación por la excelencia o una pobre orientación a la calidad y al profesionalismo.
Pero es que hay una serie de “efectos colaterales” que a corto o mediano plazo contrarrestan con creces cualquier pequeño beneficio que pudiera resultar de someter a los subordinados a una actitud sistemática de amonestación y reprimenda por los errores cometidos.
En primer lugar, el daño a la autoestima de una persona sometida al goteo constante de retos y maldiciones de distinto calibre, tiene un efecto degradante difícil de revertir.
El perjuicio resulta doble: al daño a la persona habrá que añadir el fracaso en alcanzar la misión primaria de todo gerente, que es la de sacar a relucir y desarrollar toda la potencia acumulada de sus colaboradores.
Un estilo de conducción a base de reprimendas difícilmente logre en el conjunto de los colaboradores un resultado diferente a la desmotivación generalizada y creciente. Lo cual es, sin duda, un segundo efecto adverso y perjudicial para los fines empresariales. Y es que es imposible, mediante las modalidades de este paradigma, no caer en arbitrariedades, que serán percibidas como tales por parte de los subordinados.
Hacia una política de “gestión del error”
Está claro que hace no solo a la supervivencia, pero también a la competitividad de las organizaciones empresariales, desarrollar la capacidad para detectar los errores en todas las instancias. Pero una pregunta no menor es: ¿cómo gestionar los errores? O, dicho de manera más simple, ¿qué hacemos una vez que descubrimos un error? Es una pregunta con consecuencias tan vastas, y que pueden inclinar la balanza de los negocios de manera tan dramática hacia uno u otro lado, que los directivos deberían incluirlo en la agenda de las grandes decisiones de estrategia empresarial.
¿Cuáles son las políticas de mi empresa en materia de gestión y tratamiento de los errores? ¿Cuáles son las competencias requeridas a los directivos, gerentes y supervisores, en cuanto a la manera en que lidian con los errores de sus subordinados?
El fin último de la detección de un error es que podamos rastrear sus pistas hasta dar con su causante. Un representante del viejo paradigma hubiera dicho “hasta dar con el culpable”. Seguramente sería mejor decir “hasta dar con la causa”. Pero vamos a suponer que detrás de toda causa hay al menos una persona, o varias. Sea como sea, la gran diferencia está en el ánimo con el que abordamos toda la cuestión. “Culpable” es alguien que merece ser condenado y castigado.
Una “causa” o un “causante” remite a un factor que no está desempeñando con la eficiencia requerida la función que se espera de él. Ya sea que se trate de una persona, una máquina, o un proceso. En cualquier caso, lo que los fines empresariales requieren es que las fallas se minimicen, tendiendo a cero.
Puesto en una perspectiva sistémica, y deteniéndonos nuevamente en los errores humanos (obviando por el momento que tanto las máquinas como los procesos son productos del quehacer humano), la pregunta que siempre debe guiarnos es: “¿cómo evitar que vuelva a suceder?” o, para ser más realistas, “¿cómo minimizar la ocurrencia de un mismo error?”.
Si al rastrear el origen de un error detectáramos que la causa está ligada a una persona, y que, por decirlo de una manera muy gráfica, dicha persona es “portadora” de determinado tipo de errores, ¿sería eso motivo para denigrar y bastardear a la persona en cuestión?
En todo caso, para arrimarnos sólo medianamente a una visión sistémica, deberíamos formularnos dos preguntas previas: en primer lugar, ¿quién reclutó y seleccionó a dicha persona para ocupar ese puesto? (con lo cual iríamos hacia atrás en la secuencia, encontrando una causa previa en los procesos de reclutamiento y selección, o incluso determinaríamos que la “culpable” es la persona responsable de dichos procesos); y en segundo lugar, ¿quién le encomendó esa tarea a dicha persona?, con lo que el gerente o supervisor debería mirarse a sí mismo y poner en tela de juicio su propia capacidad para delegar tareas.
Y probablemente algo de las dos cosas puede estar fallando, y de hecho falla muchas veces. Lo que estamos proponiendo aquí es que el camino no es llevar hacia atrás la cascada de denigraciones y amonestaciones personales, lo que nos arrastraría a un escenario de caza de brujas descabellado.
Una gestión inteligente del error humano tiene como objetivo detectar las causas de los errores, a fin de decidir un curso de acción para minimizar su ocurrencia. En algunos casos la solución podrá consistir en proveer la capacitación o el entrenamiento necesario para que la persona en cuestión desarrolle las habilidades necesarias para realizar la tarea con una mayor eficiencia. En otros casos bastará con un período de coaching para ayudar a la persona a superar un obstáculo personal. Algunas situaciones podrán requerir la implementación de alguna instancia adicional de control. Eventualmente, incluso, quedará claro que la persona no es la indicada para dicha posición, y se podrá ver los mecanismos para reasignarla, y en última instancia, incluso, desvincularla de la empresa.
Ninguna de estas alternativas tiene como requisito o condición la denigración o el menoscabo de la persona. Por el contrario, requiere una gran cuota de responsabilidad y espíritu de auténtico liderazgo identificar separadamente al error y a la persona que lo comete, al menos en lo que tiene que ver con la gestión. Es la única manera de tratar a cada una de estas dos entidades como lo que es: al error, como un error; y a la persona, como persona.
No hemos pretendido en estas líneas cubrir el infinito portafolio del “error humano”, ni repasar el denso “manual del buen gerente” para tratar con el recurso humano bajo su mando. Sólo hemos querido “provocar” –una vez más (y nunca será suficiente)– un llamado de atención, para que recordemos que tratar de una manera más humana a nuestros subordinados cuando se equivocan es, en primer lugar, reconocernos a nosotros mismos en el espejo de sus errores; y en segundo lugar, repasar la teoría del management científico que nos asegura que el camino más competitivo y el más humano van de la mano.
Visto en http://jcvalda.wordpress.com/
Publicado en Coach, Responsabilidad
Etiquetado Coach, Culpables, Errores, Responsables
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Richard Branson
“No aprendes a caminar cumpliendo las reglas.
Aprendes haciendo las cosas y cayéndote.”
Richard Branson
Maldita percepción (De susceptibilidades y creencias preconcebidas)
Por Diego Larrea
Somos nuestros propios directores de orquesta de nuestra sinfónica vida y llenamos sin darnos cuenta espacios plagados de susceptibilidades, donde muchas veces los mensajes son inconexos producto de creencias preconcebidas, y donde cobra una importancia de “res iudicata” (cosa juzgada) lo que “supongo de”, lo que “siento por”, lo que “creo de”, lo que “me han dicho sobre” o bien lo que “aparentemente…”, “seguramente…” “no lo sé exactamente pero…”, “tiene toda la pinta de…”, o “si lo han dicho fue por algo…”.
Las personas vivimos en dos mundos sistémicos. El primero de ellos es el externo, vinculado a las relaciones que mantenemos con otras personas: en el aspecto laboral, familiar o con amigos, profesional, social, político, etc. En cada uno de ellos tenemos resultados positivos o negativos. Lo normal, la vida misma. A veces mejor en uno aspecto y otras mejor en otros, pero sobre todas las cosas debemos ser conscientes de la forma en la que vivimos esos momentos, porque como decía el filósofo griego Heráclito: «Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos.»
El segundo de los mundos, el sistémico interno, tiene que ver con las interacciones de nuestro mundo de creencias personales y en el cual hoy haremos nuestro principal foco de análisis. Esas creencias son resultado de las experiencias del pasado, muchas de ellas vividas y otras traspasadas por generaciones o bien por personas cercanas que de alguna manera influyen sobre nosotros en nuestro día a día por distintas circunstancias y tienen su efecto en la realidad que construimos: “toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa” (principio de la metafísica).
Sin embargo, somos nosotros mismos los que creamos nuestras oportunidades, creamos nuestra propia realidad, con lo que tengamos en nuestras manos, no son los demás, somos nosotros. Son nuestras oportunidades frente a nuestras excusas, nuestras oportunidades frente a nuestros miedos, nuestras oportunidades frente a nuestros preconceptos. A partir de allí comenzamos a crear conjuntamente de manera externa nuestra relación e influencia con los otros.
Somos el resultado de interacciones y contradicciones de nuestro pasado, nuestra genética, de la influencia de nuestros ancestros, la sociedad en la que vivimos, la religión que practicamos, las enseñanzas en el colegio, la universidad, los puestos de trabajo, nuestros mentores, los amigos, los entornos sociales, o bien las “no oportunidades” a todo lo que anteriormente he citado, etc.
Los equipos o las empresas también son el resultado sistémico de personas que llegan con todo su “paquete” de creencias, preconceptos y susceptibilidades, algunas irracionales y otras potenciadoras. De ahí que conectemos rápidamente con algunas personas y con otras nos resulte imposible.
Las susceptibilidades se despiertan con los primeros rayos de sol o con las peores lluvias de verano. Solemos culpar y victimizarnos con aquellas personas con las que nos es imposible relacionarnos de manera efectiva y nuestra actitud es más parecida a la reacción inmediata del erizo de mar y sus espinas como mecanismo de defensa que a la dulce mirada de la perra televisiva Lassie . Con estas susceptibilidades, desde el principio de causa y efecto, creamos y coconstruimos una relación que no funciona. Y es entonces donde esas “creencias preconcebidas” comienzan a ejercer una “influencia tsunámica” capaz de arrasar con todo lo que encuentre a su paso o bien una “influencia abrillantadora” que hará relucir sin mediar explicación lo que eres o dejas de ser.
Para revertir esto es fundamental la disposición de ambas partes a: 1) establecer como base de acuerdo que las percepciones tienes un gran margen de error cuando la hacemos desde la ignorancia , 2) abandonar la postura de “tener la razón”, 3) creer que las experiencias siempre son únicas y de aprendizaje y no importa si, por ejemplo, el que me enseña tiene 20 años menos que yo y/o menos categoría que yo en mi trabajo, algo nuevo siempre podré descubrir, la “humildad del conocimiento” es una de las virtudes más relevantes de un buen líder, 4) tomar conciencia de que lo que cada persona siente tiene menos que ver con quién es el otro y mucho más que ver con los sistemas emocionales, espirituales, mentales, corporales y energéticos internos, y con las creencias y temas no resueltos de la persona.
No es tarea fácil sentarse a debatir con nuestras propias creencias, con nuestros preconceptos, y nuestros propios estereotipos, y más sobre todo si se relacionan directamente con decisiones que debamos tomar personalmente. Es un trabajo difícil, y vuelvo a reiterar un término: humildad. Sentarse frente a nuestro propio espejo reconociendo nuestras arrugas del carácter es un ejercicio que daña el ego pero que a la larga se convierte en Omega 3 para nuestro crecimiento personal/ profesional.
El mundo de creencias interactúa dentro de nosotros creando nuestros valores, motivaciones y estilo de personalidad, pasando a constituir los filtros desde los cuales percibimos, interpretamos y definimos la realidad, la nuestra y la ajena.
De ahí la necesidad de observarnos a nosotros mismos. Enfrentarnos con valentía a ese espejo para analizar nuestras conductas y nuestros resultados.
El deseo de pertenecer o no pertenecer a un grupo o a una opinión colectiva más allá de lo que nosotros realmente creemos, no deberían hacernos “caer en la tentación” de volver a naufragar en nuestro mar de las contradictorias percepciones.
Nos excusamos, nos llenamos de teorías múltiples para defender nuestras susceptibilidades y son tan fuertes esas creencias que pasan a ser nuestras verdades sin que hayan pasado por el tamiz de nuestras convicciones. Abandonemos los “es que” como muletilla, y aunque contradiga a mi amigo Andrés Calamaro cuando escribió “porque el mundo me hizo así no puedo cambiar”, somos los únicos responsables de nuestras circunstancias.
Seamos el director/a de orquesta de nuestra sinfónica vida y llenémonos nuestros espacios plagados de certezas y conocimiento, sin tópicas improvisaciones de convivencia y conveniencia forzosa. Nuestros equipos, nuestra familia y nuestro entorno lo agradecerán, y sobre todo nuestra credibilidad y sentido de liderazgo dejarán de ser unas creencias preconcebidas para transformarse en una realidad.
Visto en http://management-participativo.blogspot.com.es/
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Etiquetado Coach, Coaching, Creencias, Percepción, Preconceptos
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¿ Te debo algo?
Quiero acabar la semana, blogueramente hablando, con un cuento sufí con el que podemos reflexionar sobre multitud de situaciones, con el trasfondo de la obligación, es decir, “sentirse obligado”.
“El Mulá estuvo a punto de caer en un pozo lleno de agua.
Un hombre que se hallaba cerca, y a quien él apenas conocía, lo salvó. Después de aquel hecho, cada vez que se encontraban, el hombre le recordaba el servicio que le había prestado.
Después que esto se repitió varias veces, Nasrudín lo llevó hasta el pozo, se tiró dentro, quedó con la cabeza justo al nivel del agua y gritó:
-Estoy tan mojado como lo hubiera estado si no me hubieras salvado. ¡Ahora puedes dejarme en paz!”
¿Cómo te comportas tú cuando te hacen un favor?
Difiere en algo si lo habías pedido o no
¿En quién piensas cuando lo haces en cada situación?
¿Qué es lo que esperas que ocurra en ambas?
¿Cómo te sientes al haberlo hecho?
¿En dónde o en qué pones el foco?
¿Qué pasa cuando eres tú el que haces el favor? ¿te lo piden o los haces sin que te lo soliciten?
¿Cómo te comportas entonces?¿ qué diferencia existe?
¿Cómo te sientes?
¿Qué esperas?
¿Qué haces o dejas de hacer para no estar en esas posiciones?
Coincides con Ayn Rand en que:
“Ningún hombre puede tener el derecho de imponer a otro hombre una obligación no escogida, un deber no recompensado o un servicio involuntario”.
Crees como Hobbes que:
“Los favores obligan, y la obligación es una esclavitud.
¿Qué piensas del adagio “por la caridad entra la peste”?
Tus respuestas a estas preguntas te dirán mucho de ti mismo y de cómo te desenvuelves en el mundo que te rodea. Podrás reflexionar sobre por qué no pides ayuda, la cantidad de oportunidades que te estás perdiendo por tener determinadas creencias limitantes como “a mí no me gusta deber favores” y darle vueltas a qué es lo que piensas tú cuando te la solicitan a ti.
Te ayudará a desvelarte qué recursos utilizas para conseguir cosas.
¿Cómo puedes cambiar esta creencia y esta situación?
Visto en http://arucacoach.me/
Publicado en Coach, Coaching, Influencia, Persuación
Etiquetado Coach, Coaching, deber favores, en deuda, influencia, manipulación, persuasión
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Cosas que las personas exitosas hacen todos los días
La rutina del trabajo y sus quehaceres diarios no dan tiempo para más, o al menos eso creemos, que si de la casa al trabajo, las obligaciones familiares y ya, empieza otra vez la nueva jornada. Pero las personas exitosas también hacen lo mismo ¿Alguna vez te has preguntado que hacen de diferente para optimizar su tiempo? Las investigaciones demuestran que alcanzan sus metas no solo por quienes son, sino también por los hábitos que tienen: ellos realizan prácticas positivas que los llevan a otro nivel.
Se levantan temprano
Una acción común de la gente exitosa es levantarse temprano, ese tiempo es muy valioso, aunque tengan que hacer proyectos importantes se dan momentos para ejercitarse, desayunar bien y meditar. Dentro de la rutina matutina se dan un tiempo para hacer todo lo necesario, se dice que antes de las 8:00 de la mañana tienen ciertos hábitos:
Se ejercitan
Una sesión de yoga o una rutina de gimnasio antes de ir al trabajo es un excelente estimulante, brinda una sensación de energía y logros. Después de todo quien no puede leer una gran cantidad de archivos, después de haber sido capaz de hacer 300 abdominales o una rutina de spinning media hora.
Organizan su día
Las primeras horas de la mañana son excelentes para reflexionar acerca de las actividades más importantes del día, las personas exitosas toman este tiempo para establecer su agenda.
Desayunan de forma saludable
El cuidado de la alimentación es importante, se tiende a pensar que las personas ocupadas ni siquiera tienen tiempo para comer correctamente, sin embargo antes de las 8:00 am consumen el combustible necesario para enfrentar las tareas que tienen por delante.
Se visualizan
No solo se trata de optimizar la salud física, la salud mental también es primordial. Laspersonas exitosas usan las mañanas para visualizarse o meditar, concentrándose en el éxito que tendrán, la mente positiva mejora el estado de ánimo e influye en el nivel de éxito.
Hacer lo más pesado
Un consejo para evitar el estrés es hacer primero lo más complejo, en tu lista el trabajo más pesado o menos deseable tiene que ser lo primordial. De esta manera evitas pensar todo el día en ese asunto, además por lo general las mañanas son el momento más descansado.
Aquí algunos tips para levantarse temprano
– Crea una rutina, una hora específica para levantarse cada día.
– Evita la famosa frase “5 minutos más” al final terminarás perdiendo el tiempo valioso de la mañana.
– Cambia cada mes el sonido de tu alarma, esto ayuda a que tu organismo no se acostumbre a un solo tono.
– La cafeína cinco horas antes de ir a dormir afecta el sueño.
– Las comidas pesadas en las noches fomentan al mal sueño, es preferible evitarlas.
– Hacer ejercicio por la tarde o noche estimula a un buen sueño, el cuerpo se oxigena y se muestra relajado para descansar correctamente.
– Tener una hora fija para irse a descansar y dormir las horas recomendadas (8 horas).
Pasan tiempo de calidad con sus seres queridos
Para ellos la convivencia familiar es muy importante, es la vitamina que los motiva a seguir adelante a pesar de la incertidumbre y problemas que puedan surgir. Desconectarse del trabajo y los dispositivos móviles ayudan a lograr este hábito.
Construyen relaciones sólidas y fuertes
La construcción de relaciones a lo largo del tiempo es clave para tener éxito empresarial.
Se alegran en las cosas simples de la vida
Las personas exitosas se alegran en las cosas simples y agradecen por todo lo que tienen, por más pequeñas que sean.
Fijan los límites de su trabajo
Gestionan su tiempo y saben poner límite a su trabajo, el fin es preservar el tiempo, energía y espacio.
Un seguimiento de lo que gastan y ganan
Saben a dónde va su dinero, hacen un control de gasto y seguimiento para controlar sus finanzas.
Sigues sus instintos
Las personas exitosas confían en sus instintos, ellos tienen la respuesta para salir airoso en los negocios.
Poner en práctica aficiones
Para renovar las energías y la mente nada mejor que despejarse, y que mejor alternativa que escuchar música, ir al teatro, ejercitarse con deportes de aventura, tomar clases de pintura. Es una característica de las personas exitosas, enriquecen su espíritu para satisfacer su lado creativo y energía.
Se desconectan
Unas cuantas horas desconectado no perjudica la eficiencia laboral, hay momentos en que es mejor dejar en casa el móvil y tomar una caminata o dar un paseo con la familia. La gente exitosa evita leer correos electrónicos, mensajes o recibir llamadas relacionadas al trabajo en su tiempo libre.
Establecen objetivos
Crean objetivos para su vida y para el trabajo, establecen metas claras que les permitan saber qué hacer. Las personas exitosas concretan exactamente lo que quiere lograr, eso les ayuda a sentirse motivados y obtener buenos resultados.
Se enfocan en lo que harán y no en lo que no harán
Al querer eliminar un pensamiento negativo este se vuelve más latente en la mente, lo mismo sucede con los hábitos, por eso es mejor enfocarse en las acciones que tienes que realizar y dejar de lado lo menos importante.
Persigue su pasión
Hace lo que ama y lo motiva a salir adelante, ellos se dan el tiempo necesario para realizar actividades que lo apasionen y le den nuevos estímulos y equilibrio a su vida.
Socializan
La gente exitosa se muestra complacida de compartir con la comunidad y de devolver en señal de agradecimiento.
Reflexionan
Se dan un tiempo ideal para meditar y reflexionar acerca de todo lo que tienen, esto se da mucho los fines de semana ya que representan una gran oportunidad de autoreflexión.
Toman decisiones y actúan en el momento preciso
Son conscientes de que las grandes oportunidades llegan y se van, si saben identificarlas actúan en el momento sin perder tiempo.
Buscan la excelencia
Todos los líderes reconocidos de hoy lo son gracias a sus innovaciones, las personasexitosas no se conforman siempre están en búsqueda de la excelencia.
Vía: aristeguinoticias, empoderasalud y forbes
Desde hoy, permítete ser feliz
Por Francisco de Sales
Ser Feliz es, en gran medida, una elección personal. Y Ser Feliz es una responsabilidad que hay que asumir dedicándole atención plena y prioridad preferente.
No somos más felices porque no sabemos con qué o con cuánto es suficiente para ser feliz. En más de una ocasión hemos sentido la sensación de plenitud de felicidad con un encuentro, una sonrisa, o una llamada… sin más.
Todos hemos visto personas que, aun no teniendo posesiones, y viviendo en unas condiciones duras, son felices. Todos hemos asistido a una conversación en que uno acaba diciendo, más o menos, “se puede ser feliz con cualquier cosita…”
La infelicidad se basa, en gran medida, en las inconscientes preocupaciones que todos tenemos.
Sabemos, y le estamos dando vueltas continuamente aunque no nos demos cuenta, que un hijo tiene un problema, que en la casa hay que hacer una reparación, que notamos distante a una amiga, que nos vamos haciendo mayores, que nos falta nuestra amada madre… y eso espanta a la felicidad.
Nos gustaría tenerlo todo y que todo fuera perfecto a nuestro alrededor. Gastamos demasiada energía, demasiada atención, y demasiado tiempo, en añorar lo que ya no tenemos, lo que no se ha cumplido, lo imposible…
Y ese tiempo que dedicamos a ello podríamos invertirlo mejor en estar presentes en el presente, en disfrutar lo que somos y lo que tenemos a nuestro alcance
La felicidad se manifiesta en los momentos en que nuestra mente no está divagando en sus pre-ocupaciones, en que estamos en contacto solamente con nuestro centro, y cuando no estamos distraídos con otras cosas.
Decimos en muchas ocasiones, de esos que saben ser felices a menudo, que son “unos irresponsables”.
¿Será que es bueno ser “un irresponsable”?
¿Será que a veces nos estancamos en el papel que nosotros llamamos “responsable” y no nos damos permiso para disfrutar la felicidad?
¿Será que a medida que nos vamos haciendo mayores creemos que tenemos que ser serios?
Creo que sólo se es feliz cuando se usa el corazón.
La felicidad no es un asunto de la razón.
Piensa en los momentos en que te hayas sentido absolutamente feliz, y verás que tienen cosas en común: No estabas pendiente de otra cosa más que de aquello que activó tu felicidad, y lo que te produjo felicidad no era algo material.
Comprar un coche nuevo o una nueva casa, un ascenso en el trabajo, gastar dinero, una buena comida en un buen restaurante… eso te produce satisfacción, entusiasmo, placer, euforia, contento, una especie de alegría… ytodo eso está muy bien, pero eso no es felicidad: eso son momentos puntuales en el tiempo que van desapareciendo.
La suma de alegrías, risas, sonrisas, satisfacción, diversión, buen humor, placer… aun no siendo la auténtica felicidad –porque son efímeras- sí que provocan una “sensación” de felicidad, una “sensación” que se parece bastante a la felicidad –que es menos aparatosa, y es más discreta y prudente-; la parte buena es que predisponen en buena medida a ser feliz porque provocan un optimismo que alienta a relacionarse bien con la felicidad.
Ser feliz no es estar alegre, eso ya lo sabemos, si bien estar alegre puede ser una manifestación de ser feliz.
Ser feliz se puede manifestar como una serenidad que no requiere demostraciones externas –aunque se aprecia en la mirada, en la sonrisa y en el aura-.
La felicidad no es eufórica, es casi invisible, porque es un sentimiento interior que se parece más a la paz que a cualquier otra cosa.
Es una satisfacción íntima con uno mismo, resultado de una aceptación de Sí Mismo, y de su pasado y su presente.
Cualquier oposición a la aceptación total impide la manifestación de la felicidad.
Y esa aceptación necesita una comprensión de todo lo que haya hecho uno en el pasado: lo que se pueda calificar como “malo” y lo que haya estado bien.Comprensión de que uno actuó del modo que consideró adecuado o del modo que le permitieron sus capacidades o circunstancias de entonces. Y he escrito “comprensión”, y no “perdón”. Porque no hay nada que perdonar ni auto-perdonarse. Eso sólo mostraría una especie de superioridad y prepotencia del que perdona hoy al que fue ayer.
Ser feliz se basa, básicamente, en encontrarse bien de Autoestima, en tener una buena relación con Uno Mismo, en saber apreciar la vida y sus cosas, en saber renunciar a lo imposible y no obsesionarse con la consecución de utopías, en comprender que no se puede tener todo ni ser el mejor, en saber aceptar y saber renunciar, en darse cuenta de que lo que verdaderamente vale y es importante es cultivar la relación consigo mismo, y admitirse sin condiciones en lo que uno llama equivocadamente sus “imperfecciones” y sus “fracasos”.
Sólo serás feliz si realmente te propones ser feliz y eliminas tus propias oposiciones.
Permítete ser feliz… y serás feliz.
Visto en http://jcvalda.wordpress.com/
Publicado en Coach, Desarrollo personal, Emociones, Felicidad
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