
Cada “bien” que dice sin sentirlo, cada sonrisa que fuerza, cada guiño de ojos, cada bostezo que esconde un suspiro…
Una puñalada en la línea de flotación.
Si ya le era difícil distinguir lo que era real de lo que no, de puertas a fuera; sólo le quedaba que esa falta de percepción se plasmara en su interior para que entonces los “quiero y no puedo” se uniesen a la cola, detrás del miedo, la frustración y la rabia.
Para que se uniesen a las manifestaciones y reclamasen un espacio en esa cabeza que va a terminar explotando.
Perdiendo el sentido. Los sentidos. Los cinco.
Será una neblina de ojalas lo que cegará por completo su vista; el ruido de todos los gritos que no ha dado,será lo que ensordezca sus oídos; de tanto morderse la lengua, la arrancará de cuajo; finalmente, tacto lo perderá al quemarse en un escalofrío.
Incapacidad. Discapacidad. Minusvalía. Insensibilidad.
¿En qué porcentaje?
Pide la baja que no habrá inspector que no te la conceda, que aunque disimules se ve de lejos que tienes el alma hecha pedazos.
Cada vez el maquillaje tapa menos el cansancio de una vida vacía, la colonia apenas enmascara el mal olor, se te ve a la legua.
Llevas ya mucho tiempo corriendo detrás de un antídoto para todos tus venenos, una cura, un amuleto, la purga de Benito.
Llevas un tiempo corriendo también detrás de patas de conejo, de pestañas, de estrella fugaces y tréboles de cuatro hojas.
Llevas demasiado dinero invertido en fuentes, en chamanes, gitanas y videntes.
Reza a todos los dioses que conozcas, tuyos o no, a ver si te vienen a salvar de tus demonios.
Pero que no se te olvide que mientras tu vas buscando un golpe de suerte o un conjuro, la sombra que te persigue no se va y aunque, también esta cansada de vez en cuando te alcanza y con solo sentir su aliento cerca mueres de frío, de frío y de miedo.
Tiemblas.
No se qué es lo que deberías hacer si correr hasta dejarlo todo atrás o esconderte y perderlo de vista en una huída hacia adelante.
Pero sé que algo te dice que deberías armarte de valor y luchar contra todo eso.
Te dice que reclutes un ejército, también de esclavos, que trabajes con ellos. Que la suerte vendrá luego.
Te dice que tu sabrás si atacar por tierra o por aire, que tu lucha, tu táctica y tu estrategia.
Hay algo que te dices que apuestes, que esta vez tu caballo será el ganador.
Yo sólo sé que si quieres que este sea tu momento, puede serlo.
Pero algo en ti, además de eso te dice que juegues, que tires los dados.
Esta vez tienes un as bajo la manga y ya nadie va a jugar con las cartas marcadas, que las tres primeras jugadas de tu adversario le van a poner en jaque.
Esta vez los dardos están afilados, las ruletas llevan días girando.
Hay una voz que esta arengando a tus tropas. Tu arco está ya cargado de nuevo.
Hay que te dice que serás reina de tu trono, en este juego y en cualquiera.
Será tu sexto sentido, que ha sobrevivido a los demás, que es el único que te queda.
Tu última baza.
Demuéstrate quién eres, que aunque lleves un tiempo con las alas rotas, aunque te cueste mirar a los ojos, aunque tu voz tiemble, sabes mejor que nadie, lo que esa inseguridad esconde, y sabes mejor que nadie que cuando extiendas tus alas volarás más alto que nunca, sabes que erguirás la espalda y tu mirada llegará hasta el horizonte. Tus lamentos serán rugidos.
Tomado de https://cuniblog.wordpress.com/2016/06/29/sexto-sentido/