Donald Trump


“Las excusas y los pretextos

son la tranquilidad de los fracasados”.

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3 creencias que te llevarán al fracaso en tu negocio


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Liderazgo emocionalmente inteligente.


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Hacia la profesionalización de la toma de decisiones


Fuente: http://jcvalda.wordpress.com/

La toma de decisiones es el pan de cada día del hombre de negocios. Y, sin embargo, muchas empresas manifiestan severas falencias en este aspecto: decisiones que se toman tarde, que jamás se toman o que son tomadas por personas que carecen de habilidades para hacerlo. Así, ¿cómo profesionalizar esta actividad clave de la organización?

Se escucha hoy en día en los pasillos de las organizaciones una máxima que, de tan repetida, ya parece una verdad de Perogrullo: las empresas operan en un mundo cada vez más complejo.

Entre las causas de esta creciente complejidad muchos señalan la alta incertidumbre, la información confusa y ambigua, y la existencia múltiples intereses internos y externos.

Este contexto hace que sea difícil tomar decisiones con la calidad deseada en los tiempos disponibles.
No obstante, existe otro factor menos destacado pero que, al mismo tiempo, es el único sobre el que podemos trabajar: la deficiencia de los procesos internos a través de los cuales decidimos.

Reconociendo el problema: ¿estamos tomando bien nuestras decisiones?
El primer paso para encarar una mejora consiste en reconocer el problema. Muchas de las decisiones que se toman en una empresa jamás son implementadas. Las que sí se ejecutan, en ocasiones, generan pérdidas cuantiosas.

En la búsqueda de las causas, podemos identificar un factor común: la falta de claridad sobre la manera de tomar decisiones. Veamos, a continuación, dos interrogantes fundamentales para diagnosticar la calidad de nuestros procesos:

¿Sabemos cuáles son las decisiones críticas de nuestro negocio? Entre todas las decisiones que se toman en una empresa, sólo algunas son realmente críticas (“las que mueven la aguja del negocio”).

Y, sin embargo, muchas compañías no saben cuáles son. Así, en ocasiones, la responsabilidad de decidir en estos asuntos fundamentales recae en personas que no poseen las capacidades ni las habilidades necesarias.

¿Sabemos quiénes y cómo toman decisiones en nuestra empresa? 
Muchas empresas consideran que la toma de decisiones es un patrimonio de personas individuales (ejecutivos o gerentes). Así, dejan a su criterio la elección del método, la información a utilizar y las personas a consultar. Pero, como hemos observado, no necesariamente estas personas son idóneas para hacerlo.

Estas dos preguntas fundamentales sintetizan los factores que suelen conducir a una baja performance: las decisiones clave no están identificadas, no están a cargo de las personas idóneas, ni se conocen los procesos por los cuales se toman.

Y esta falta de claridad es fuente de grandes pérdidas. En general, se realiza un rudimentario análisis de la incertidumbre, se generan trabas por conflictos de intereses (gana el que grita más fuerte, aunque no proponga la mejor solución) y se registra una falta de compromiso al no conocerse claramente los papeles que juega cada persona.

Además, la falta de sistematización y control impiden a la empresa aprender y mejorar de cara a sus próximas decisiones.

¿Qué podemos hacer para profesionalizar la toma de decisiones?
En el apartado anterior, hemos presentado un oscuro panorama acerca de la forma de decidir en muchas organizaciones. Ahora bien, ¿qué podemos hacer al respecto?

Afortunadamente, en los últimos años se han registrado grandes avances en el desarrollo de herramientas para la toma de decisiones.

Para mejorar, no deberíamos enfocarnos exclusivamente en las habilidades de nuestros ejecutivos (aunque ha crecido enormemente la capacitación específica para individuos), sino adoptar una mirada holística que considere la tecnología, las metodologías y procesos, la cultura, la estructura organizacional, y el desarrollo de competencias.

Las oportunidades existen a nivel individual, a nivel equipo y a nivel organizacional. Veamos, a continuación, algunas pautas para mejorar la toma de decisiones en nuestra compañía:

Procesos y metodologías: Es necesario definir los procesos y metodologías para cada decisión, asegurándonos de que el nivel de análisis sea el adecuado para la complejidad y la relevancia del desafío. Esto nos permitirá realizar chequeos de calidad antes de tomar una decisión e incorporar, en forma clara y ordenada, toda la información relevante.

De acuerdo a la complejidad y la naturaleza de la decisión, podremos apelar a herramientas específicas como el análisis de portafolio, la simulación de Montecarlo, el análisis de opciones reales, los diagramas de influencia, los análisis de sensibilidad, etc.

Asimismo, tener identificados los procesos permite sistematizar la evaluación de la calidad de las decisiones y mejorarlos continuamente, generando un aprendizaje que retroalimenta a la organización.

La cultura: Las empresas más avanzadas en la materia trabajan en aspectos culturales para generar los comportamientos que ayuden a una buena toma de decisiones. Para esto, se emplean distintos instrumentos como los incentivos, la comunicación, la definición de competencias claves, etc.

Estructura organizacional: En ocasiones, las estructuras de las empresas obstaculizan los procesos, haciendo que las decisiones se demoren o, peor, que nunca se tomen.

Para mejorar en este aspecto, es necesario tener en claro algunos conceptos fundamentales que afectan a la toma de decisiones:

  • nivel de centralización/descentralización,
  • el span de control,
  • nivel de verticalidad/horizontalidad
  • jerarquías estrictas/flexibles
  • información compartida/compartimentada

En definitiva, existe una gran cantidad de acciones que podemos implementar para profesionalizar la forma en que decidimos. Y este es un camino que puede brindarnos enormes beneficios.

Las iniciativas para mejorar los procesos decisorios han reportado un directo y altísimo impacto en los resultados de las empresas que las llevan adelante. Además, se observa una mejora en el clima interno, gracias a la clarificación de la manera en que se decide.

Así, paradójicamente, los directivos se enfrentan a una nueva decisión: ¿tienen tiempo, en medio de las urgencias cotidianas, para pensar en la manera en que toman sus decisiones?

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La zorra y las uvas


Fuente: http://suplementos.pymex.pe/

Es interesante ver cómo Esopo pudo transmitir a través de sus fábulas tantas enseñanzas. Esta vez te invito a leer la breve historia de “La zorra y los racimos de uvas”.

Cuentan que una zorra andaba por el campo y se moría de hambre. Mientras caminaba se quejaba: “¡Ay! ¡Qué hambre que tengo!”, cuando de pronto vio colgados de una parra, deliciosos racimos maduros de uvas. Estiró su cuello para atraparlos con su boca y no pudo. Sin poder alcanzarlos al primer intento, se alejó diciéndose: “¡Ni me agradan! ¡Están aún verdes!”

Reflexión

¿Se dieron cuenta como al primer intento, sin mayor esfuerzo la zorra se dio por vencida y se quedó sin comer las ricas uvas? ¿Cómo pretendemos alcanzar algo que queremos si no nos esforzamos lo suficiente, si no intentamos hasta conseguirlo? No traslademos nuestras frustraciones a otras personas, al destino u otro elemento. Seamos conscientes que si queremos lograr algo, debemos poner todo nuestro empeño. Tú como emprendedor, si quieres lograr el éxito de tu negocio, debes plantearte objetivos, investigar tu mercado, tu segmento y tu competencia, debes desarrollar ese producto que tu público necesita y si lo testeas y no pasa nada, entonces variarlo. Son muchas etapas que pasarás en tu camino como emprendedor, la clave está en la persistencia, la constancia y la disciplina en lo que hagas. Así como dice el la vieja frase, “Si te caes 7 veces, levántate ocho.” El que pierde es el que deja de intentar.

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Una de las lecciones más valiosas que puedes aprender en la vida


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No es lo que haces sino cómo lo haces


Fuente: http://isabeliglesiasalvarez.com/

Hace poco una persona me preguntaba los motivos por los que le resultaba tan difícil poder replicar conductas que había visto en otras personas con muy buenos resultados pero que cuando trataba de imitarlos, esos buenos resultados no se producían. Y no sólo eso sino que, incluso, a veces conseguía el efecto contrario.

A este tipo de técnicas de imitación, se les llama modelar. Y es una de las habilidades más frecuentes que usamos las personas de manera inconsciente.

¿Quien no ha tratado en algún momento de imitar algo que ha hecho otra persona esperando tener esos mismos resultados?

Incluso nosotros mismos nos automodelamos ya que tratamos, a veces con más éxito que otros, de replicar esas conductas que nos han salido bien en el pasado.

Es posible que en algún momento te hayas escuchado a tí mismo decirte frases del estilo “¿por qué unas veces me funciona y otras no?” o ” no se qué puedo hacer mal para que no me salga todas las veces como quiero”.

Este tipo de situaciones suelen ser bastante desconcertantes para las personas, ya que nos genera la sensación de falta control sobre nuestros propios desempeños.

Es bastante habitual que las personas nos fijemos básicamente en las conductas y los comportamientos que hacemos. Pero nos olvidamos de lo más importante: cómo lo hacemos. Ese pequeño detalle es lo que marca la diferencia a la hora de tener comportamientos exitosos.

Así imaginémonos que nos marcamos un determinado objetivo , como puede ser mejorar nuestra capacidad de escucha activa. Para ello nos podemos marcar una serie de conductas a realizar, como puede ser asentir con la cabeza, repetir algunas frases para que nuestro interlocutor vea que le estamos escuchando activamente…. Este tipo de conductas son mecánicas y en realidad no se diferencian en nada de lo que puede hacer otra persona.

Lo que en realidad marca la diferencia es la manera en la que llevamos a cabo esas conductas; es decir, cómo lo hacemos.

Así, no es lo mismo asentir con la cabeza con desgana que hacerlo con una sonrisa y mirando a los ojos a nuestro interlocutor, por ejemplo.

O repetir algunas frases mostrando verdadero interés en lo que dice la otra persona a hacerlo de forma lacónica y con desinterés.

Y sin embargo, este “pequeño” detalle solemos pasarlo por alto y no darle la importancia que se merece.

Nuestra forma de hacer las cosas se ve influida por multitud de aspectos, como pueden ser nuestros valores, creencias, juicios, opiniones……… Y además suelen modificarse y evolucionar con el tiempo.

Es por ello que, cuando alguna de las personas con las que trabajo en coaching, me cuenta una situación donde el resultado ha sido exitoso, le invito a que exploremos cómo ha llegado a producirse. Y para ello partimos de 3 sencillas preguntas:

Qué hago
Cómo lo hago
Por qué lo hago

El hecho de que la persona descubra cómo ha llegado hasta ese resultado produce seguridad e incrementa el autoconocimiento de ésta.

Y por lo tanto, multiplica las posibilidades de que ese comportamiento pueda reproducirse ya que se conocen los mecanismos para llegar hasta ahí de nuevo.

En ocasiones podemos caer en la tentación de pensar que los resultados nos llegan por arte de magia, cuando en realidad es preferible pensar que cada uno de nosotros tiene la llave para acceder a ello todas las veces que quiera. Sólo hace falta conocerlo.

Si quieres ser uno mas, céntrate en lo que hacen. Si quieres ser algo más, fíjate en cómo lo hacen.

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Cómo tener seguridad en tus decisiones


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El control como un proceso de aprendizaje organizacional


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Cómo delegar cuando trabajas solo


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